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Archivo de la categoría: Historias

Trasladando el blog

No me gusta que, aunque el sitio sea gratuito y tengo sus limitaciones, pongan publicidad en las cosas que escribo. No me gusta que me quieran cobrar 99€ al año por tener mi propio dominio y así quitarme la publicidad de encima, cuando por 25€/año o menos lo tengo en otro sitio. No me gusta que me engañen ni menos que se lucren a mi costa.

Es por esto que le pueden dar por el mismísimo centro de gravedad al blog gratuito de WordPress. Me llevo mis escritos, mi papel y tinta, mis píxeles al sitio del que no debí marcharme. Me llevo “Flores de cierto pelo” al blogger, de nuevo al lugar donde comencé mi andadura bloguera.

 

Nos vemos allí: http://floresdeciertopelo.blogspot.com.es/

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El Barrendero

Era un día cálido pero él sentía frío. Las calles estaban cubiertas de resaca de padres disfrutando con sus hijos, de gente bailando, de peleas de borrachos que no sabían que discutir es tratar un tema para solucionarlo o llegar a un acuerdo; resaca de cuerpos que se amaron aunque sólo fuese amor de un minuto. Las calles se habían deshidratado. Cada órgano, cada trozo de su cuerpo de cemento y asfalto sufría la ingesta de humanos la noche anterior. En efecto, las calles tenían resaca y él estaba allí para curarlas. Cogió la manguera, hizo una señal al conductor del camión para que encendiese el motor del agua, y alivió la resaca de humanos que tenían las calles mientras sus compañeros limpiaban el vómito de civilización.

 
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Publicado por en octubre 14, 2015 en Historias, Microrrelatos

 

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Sorpresa!

Esta historia la escribí el 3 de Febrero de 2013 en un antiguo blog y no 
la recordaba. Como me ha hecho reír la vuelvo a publicar, pero esta vez 
aquí. A disfrutar de su lectura.

Caminaba cabizbaja por aquella calle que tantas veces había recorrido. Nadie se percataba de su presencia mientras ella, con los dedos enfundados en unos guantes de fina seda -porque la seda siempre es fina-, percutía sobre la cajita que llevaba en su bolsillo. Esa noche sería especial, sussurraba la cajita vibrando mientras acompañaba el ritmo de su contenido.

En la calle llovía, gotas cristalinas que utilizaría para limpiar su buen nombre. En su cabeza una sola idea, en su corazón un sólo sentimiento, en su sólo un mundo y en su mundo… sola.

Entro en la casa, colocó la cajita sobre la mesa de entrada, acercó una silla y se sentó a esperar. Dentro de la caja algo comenzaba a sonar aunque sus nervios amortiguaban el sonido que luchaba por penetrar en su cabeza.

Silencio, roto por el sonido de la noche en la ciudad. Silencio, roto por el sonido de una puerta que se abría, su puerta.

Esbozó una pícara sonrisa. No había pasado mucho tiempo desde que entrara en la casa y todo salía como esperaba, como le habían dicho. Se abrió la puerta, abrió la caja, se quitó la ropa y gritó¡sorpresa, soy tu regalo de despedida! Su cara un triste poema al ver aparecer a aquel matrimonio joven que venía de enterrar al abuelo, ese abuelo mujeriego que tantas veces había contratado sus servicios y del que tantas veces se había burlado.

En la caja una nota se burlaba ¡Sorpresa!

 
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Publicado por en octubre 28, 2014 en Historias

 

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Verónica

VerónicaDéjame oír tu historia. Te escucho.

¿Mi historia? Supongo que pensarás que la mía es una historia alegre, de una chica feliz criada en el calor de su familia, con unos padres algo mayores que le regalaron amor. Permíteme sacarte de tu error. La mía fue una historia trágica. Mi primer año de vida tuvo que ser feliz, o al menos así lo quiero recordar. Mi vida ha sido un infierno en el cual cada buena acción era castigada dejando cicatrices que marcaron mi cuerpo y dañaron mi espíritu. Una vida en la que mi mera presencia era causante de dolor, angustia, arrepentimiento y desprecio. Éramos dos hijas con dos vidas diferentes; y realmente mi vida no comenzó hasta que terminó la de mi hermana.

 
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Publicado por en diciembre 24, 2013 en Historias, Microrrelatos

 

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El gato Grano

Aquí tenéis la historia original del gato grano, menos enrevesada. 
Así podéis elegir cuál os gusta más

¿Conocéis la historia del gato Grano, que se metió en el culo de un obispo para hacerle un cardenal, y que cuando fue a ver al Papá a este le dijo ‘canijo’, ‘alijo’ respondió el Papá y ‘hachis’ salió del Obispo, ‘¡Jesús!’ añadió el pontífice  para que el clérigo le devolviese ‘Gracias’ que el Papá metió en un cajón con la bajilla y sus hermanos?

Pues es una historia en la que el Papá preguntó, señalando al Obispo,  ‘¿Y ese cardenal?’ ‘Es un grano que tengo en el culo que creo que es gato y no es de Madrid’ Y salió el gato del Obispo del culo donde dejó al cardenal tras una tarde de fechorías en las que, el Papá con la bajilla y el Obispo con los hermanos, bebían coñac esperando el alijo que vendría de oriente con los reyes magos, cargado en camellos que, vestidos de fieltro, transportaban hachis.

Pasadas las cuatro, pasándole un cuarto, salió por el cuarto cierto pelo alemán que pernoctaba maullido en el gato mullido pidiéndole a Gritos que le diese papel. ‘Por Dios que lo traigan’ dijo Gritos, ‘¡Por la virgen, que alguien pague!’ Exclamó el Papá ‘¡Por todos mis compañeros!’ brindó el Obispo.

Así estaba el gato, mirando hacia el grano que se convertiría en trigo, escuchando al Papá gritarle al Obispo ‘¡Cuidado que mancho!’ ‘¡Cuidado que pringo!’ ‘Cuidado que tengo cuidado que pito’ y el gato pensaba ‘Si el gato va al grano y el grano al Obispo, el Obispo va al Papá…’ ‘¡Qué cruz!’ dijo Cristo.

Tras un rato de conversaciones, ‘que tengo de esto’ ‘que traigo de aquello’ ‘que no te dé pilas’ ‘que no tengo vello’  llegó el Ángel que se llevó el Cristo dejando al Papá con el Obispo montando un circo con el cardenal.

Terminando la historia: cuidado con Grano, que es gato y araña, y por la ventana, si escuchas mañana, oirás  otra historia de una señora que se llama Gloria  y por el Espíritu Santo  es zorra y cobra.

 
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Publicado por en agosto 1, 2013 en Cuentos, Historias

 

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El gato Grano (reescritura)

La historia que a continuación os voy a contar es una historia contable de un gato con cable, que puede que hable o puede que calle en la calle, si esta es  calle empedrada y no peatonal. Y cuando el gato se calla y se queda en silencio, la calle de la que hablo en nuestro cuento hace que el gato que habla vaya directo, recto y erecto, por el camino empedrado, que no está torcido, en sentido directo a la casa de algún clerical.

Y esta es la historia que os cuento de un cuervo, que miento, es un gato que habla con Ana Botella en las salas del ayuntamiento. ¿O es Ana quien fuma tabaco que mezcla con hierbas, quien bebe licor a morro de la botella y quien dice que haber hay un gato que habla y que, cuando lo hace, lo hace con ella? Hablar, que el gato es amigo y ni mete ni saca, aun cuando la saca puede que salga forrada con sobres de pasta que el gato aprovecha y apoya en la espalda, la pasta, y después apoya la saca metiendo los sobres de pasta de la Botella en la olla mediana y la olla pequeña.

Ahora os pregunto si conocéis la historia que cuentan del gato Grano, un gato que fue monaguillo en la iglesia y, que como un dedillo, se le metió por el culillo al Obispo que, listo el gatillo y listo el Obispo,  el gato arañando, el culo sangrando y, quitando la sangre que me mareo, apareció entre sus nalgas o cachas con diestro y siniestro, vestido de rojo, un señor Cardenal.

Y cuando el Papa fue a visitar al señor Obispo mirándole el culo le dijo “canijo qué cacho de alijo” “hachis” salió del Obispo, “¡Jesús! Que rule, que rule” añadió el vicario de cristo con cara póker y cara de vicio. Y por vicio Papa y Obispo llamaron a un cura de pueblo que les dio las “Gracias” que el Papa metió en un cajón de la mesilla con la bajilla, que es una mujer pequeña y bajita vestida de niña, que siempre está en casa desnuda portando tan sólo unas zapatillas.

Aquí freno, paro y detengo, la historia para que el aire me dé su aliento, pues miento si digo que es menester, y postre en este momento, echar un trago de vino, que vengo.

Vengado y llegados a este punto y aparte os digo que ahora lo cambio por punto y seguido pues sigo, habiendo mojado el gaznate, contando la historia que me contaron allende los mares.

Por tanto sigo y resigo por donde os estaba contando. Andando que presto, que presto que andaba el Papa corría y guardaba en un cajón a su bajilla y, mirando como te mira una persona del Asia amarilla, que no mira y no observa, sólo sospecha, nuestro pontífice lanzó una pregunta con punta al señor Obispo que, listo y no inteligente, escuchó al Papa decir: “¿De dónde ha salido con brillo en tu culillo, o trasero, ese cardenal?” “Es un Grano que tengo en el culo que creo que es gato y no es de Madrid”.

Y, dando un salto o un brinco, salió del culo de Obispo el gato que es Grano y araña, dejando en su culo al cardenal tras una tarde de fechorías en las que, el Papa con la bajilla y el Obispo con los hermanos, bebían coñac esperando el alijo que, un día, vendría de oriente con los reyes magos, cargado en camellos vestidos de fieltro que transportaban hachis.

Pasadas las cuatro, pasándole un cuarto, salió por el cuarto cierto pelo alemán que pernoctaba maullido en el gato mullido pidiéndole a Gritos que le diese papel. “Por Dios que lo traigan” decía a Gritos; y el Papa exclamaba “¡Por la virgen, que alguien pague!” Y el Obispo ni corto ni perezoso brindaba “¡Por mí y por todos mis compañeros!”.

Así estaba el gato, mirando hacia el grano que se convertiría en trigo, escuchando al Papa gritarle al Obispo “¡Cuidado que mancho!” “¡Cuidado que pringo!” “Cuidado que tengo cuidado qué pito”. Y el gato pensaba “Si el gato va al grano y el grano al Obispo, el Obispo va al Papá…” “¡Qué cruz!” dijo Cristo.

Tras un rato de conversaciones, “que tengo de esto” “que traigo de aquello” “que no te dé pilas” “Cómo si no tengo vello” llegó el Ángel que se llevó el Cristo dejando al Papá con el Obispo montando un circo con el cardenal.

Terminando la historia que os he contado os digo: cuidado con Grano, que es gato y araña, y por la ventana, si escuchas mañana, oirás la historia de Gloria, que por el Espíritu Santo, es zorra y cobra.

 
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Publicado por en agosto 1, 2013 en Cuentos, Historias

 

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Savia

Sabias fueron sus palabras, sabias fueron sus mentiras. Y en la sapiencia de su saber nunca supo que su savia se estaba impregnando del conocimiento que tengo sobre hierbas y venenos.

Sabia fue la mirada de mis ojos al dedicarle un último adiós para que se marchase con el conocimiento de que su enfermedad, y por ende su muerte, fueron causa de la naturaleza con la que había decidido vivir regalándole mentiras.

La vida es savia ¿lo sabías?

 
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Publicado por en mayo 22, 2013 en Historias, Microrrelatos

 

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