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El Barrendero

14 Oct

Era un día cálido pero él sentía frío. Las calles estaban cubiertas de resaca de padres disfrutando con sus hijos, de gente bailando, de peleas de borrachos que no sabían que discutir es tratar un tema para solucionarlo o llegar a un acuerdo; resaca de cuerpos que se amaron aunque sólo fuese amor de un minuto. Las calles se habían deshidratado. Cada órgano, cada trozo de su cuerpo de cemento y asfalto sufría la ingesta de humanos la noche anterior. En efecto, las calles tenían resaca y él estaba allí para curarlas. Cogió la manguera, hizo una señal al conductor del camión para que encendiese el motor del agua, y alivió la resaca de humanos que tenían las calles mientras sus compañeros limpiaban el vómito de civilización.

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Publicado por en octubre 14, 2015 en Historias, Microrrelatos

 

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